lo que denomina los nueve mandamientos a seguir desde una ética planetaria: 

1. La toma de conciencia de la identidad humana común a través de las diversidades de individualidad, de cultura, de lengua. 
2. La toma de conciencia de la comunidad de destino que en adelante une cada destino humano al del planeta, incluida la vida cotidiana. 
3. La toma de conciencia de que las relaciones entre humanos están devastadas por la incomprensión, y que debemos educarnos en la comprensión no sólo hacia los allegados, sino también hacia los extranjeros y lejanos en nuestro planeta. 
4. La toma de conciencia de la finitud humana en el cosmos, que nos conduce a concebir que, por primera vez en su historia, la humanidad debe definir los límites de su expansión material y correlativamente emprender su desarrollo psíquico, moral, mental. 
5. La toma de conciencia ecológica de nuestra condición terrena, que comprende nuestra relación vital con la biosfera... La tierra es una totalidad compleja física-biológica-antropológica, en la que la Vida es una emergencia de la historia de la Tierra y el hombre una emergencia de la historia de la vida... La humanidad es una entidad planetaria y biosférica... 
6. La toma de conciencia de la necesidad vital del doble pilotaje del planeta: la combinación del pilotaje consciente y reflexivo de la humanidad con el pilotaje eco organizador inconsciente de la naturaleza. 
7. La toma de conciencia cívica planetaria, es decir de la responsabilidad y la solidaridad hacia los hijos de la Tierra. 
8. La prolongación en el futuro de la ética de la responsabilidad y la solidaridad con nuestros descendientes..., de ahí la necesidad de una consciencia con un teleobjetivo dirigido alto y lejos en el espacio y el tiempo. 
9. La toma de conciencia de la Tierra-Patria como comunidad de destino/ origen/perdición. La idea de Tierra-Patria no niega las solidaridades nacionales o étnicas, y de ningún modo tiende a desenraizar a cada cual de su cultura... La idea de Tierra-Patria sustituye al cosmopolitismo abstracto que ignoraba las singularidades particulares y al internacionalismo miope que ignoraba la realidad de las patrias. A ello, añade una comunidad de perdición, puesto que sabemos que estamos perdidos en el gigantesco universo, y que estamos condenados todos al sufrimiento y la muerte... La misión antropo-ético-política del milenio es realizar una unidad planetaria en la diversidad. Es superar la impotencia de la humanidad para constituirse como humanidad, de ahí la necesidad de una política de la humanidad.

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